Pasaron seis meses desde que comencé a trabajar en aquel hospital. Seis meses llenos de altibajos, risas y lágrimas, pacientes que llegaban sin cesar y largas noches en la sala de urgencias.Sentía una felicidad que nunca antes había experimentado: la felicidad de ser médica de nuevo, la felicidad de ayudar a los demás, la felicidad de reencontrarme a mí misma.Pero detrás de toda esa felicidad, comenzaban a verse columnas de humo a lo lejos. Susurros que empezaba a escuchar, aunque no fueran claros. La sensación de que algo estaba ocurriendo entre bastidores, algo que yo desconocía.Una noche, mientras cenábamos en casa, Luca dijo de repente:—Cariño, quiero que volvamos a Italia.Lo miré con los ojos desorbitados.—¿Volver? ¿Ahora?—Sí. Tengo asuntos de negocios que debo resolver allí. He estado demasiado tiempo fuera.—Pero, Luca, ¡llevo solo seis meses trabajando aquí! ¡Ni siquiera he cumplido un año! No puedo renunciar así nomás.—Lo sé, pero esto es importante. No puedo posponer
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