MARIOEstoy a centímetros de su rostro y de esos labios abiertos y perfectamente carnosos, cuando su mano corre hacia mi pecho, presionando.—Por favor, no —suplica.—No se preocupe, no la besaré —digo, pasando mi pulgar por sus labios—. No importa cuánto lo desee. Pero voy a besar su cuello, ¿de acuerdo? Necesito algo a lo que aferrarme mientras embisto contra su cuerpo. Seguro que no puede negarme eso también.No lo hace. Su asentimiento es leve, apenas perceptible, pero asiente. Me da la impresión de que está sorprendida de que la haya escuchado.Desvío la mirada para alinear mi polla con su centro cuando su pequeña mano se posa en mi mejilla. Me obliga a mirarla de nuevo, con los ojos tan suaves y hambrientos como los míos.—Úseme —dice.Parpadeo, pensando que debo haber oído mal.—¿Qué?—Está bien que me use —repite, sin consideración alguna por lo que eso me provoca.Pensé que ya estaba duro antes. Eso no es nada comparado con el dolor palpitante de mi miembro ahora, mientras lo
Leer más