MARIO
Eso nos llevó a la ducha, donde la desnudez no impidió que volviéramos a caer en una conversación fluida... Hasta que me dieron ganas de besarla otra vez. Ella me empujó. Yo la atraje juguetónamente hacia mis brazos. Ella me metió los dedos en la boca, y luego gimió ante la caricia de mi lengua entre ellos. Estaba dentro de ella, estampándola contra el azulejo cálido y húmedo segundos después de que me rogara que la hiciera sentir bien de nuevo.
¿Y en la cama? Entramos en ese ritmo. En es