PilarA pesar de que eso es un hecho, teniendo en cuenta que tendría que estar en la oficina mientras Francisco está allí, que el señor Farías lo señale me trae esa realidad con una claridad deslumbrante. Estaba —estoy— aterrorizada por lo que Francisco pudiera decir de mí. Me estaría poniendo en la línea de fuego, básicamente provocándolo, al estar en su presencia todo el tiempo.—Pero nunca podrá hacer nada más que eso, no lo permitiré —dice el señor Farías—. Se lo prometo, señorita Silva.No hay gentileza en su voz, ninguna sensiblería en absoluto. A pesar de sus suaves dedos contra mi piel, acunando mi rostro, en este momento se parece más a un Terminator que a un caballero de brillante armadura. Luego esboza esa sonrisa deliciosa y añade:—Y cualquier cosa que haga, la castigaremos con mezquindad hasta que estemos satisfechos.—Quiere decir...Él asiente.—La venganza viene en todos los tamaños. Con el tiempo le quitaremos su carrera, pero en el camino también podemos hacer que l
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