Estaba acostada en la habitación, solo disfrutando del silencio mientras Jade dormía en la cuna. El sol golpeaba medio débil por la ventana, un viento bueno pasando… todo tranquilo. De repente, oí una voz desde la puerta:—¡Oye, mi princesa, mira a la tía llegandooo! —gritó Heloísa.Miré y vi a Heloísa entrando, toda escandalosa como siempre, riendo y hablando con la bebé, aunque ella durmiera.—Eres de armas tomar, ¿no, Jade? Toda princesita, igual que la madre. Ya estoy viendo que vas a dar guerra cuando crezcas, ¿eh? —dijo Heloísa.Yo reí, moviendo el cabello, medio sin creer que ella estuviera allí tan tranquila después de tanto tiempo.—¿Solo apareces cuando la nostalgia ya ha llegado, no? —pregunté.—Ay, no digas nada. Estoy hecha polvo. Esta tienda me está volviendo loca, amiga —respondió Heloísa.—¿Cómo está por allá? —pregunté, curiosa, ajustando la almohada en la espalda.—Está llena, chica. ¡Llena de verdad! Abro la puerta y ya hay gente esperando. Se vende ropa, se venden
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