— ¿Cómo? —pregunté con las cejas arqueadas, irónicamente—. Solo voy a poder quitarme esto del pie dentro de dos semanas. Y también dudo mucho que tu hermano tenga el valor de dejarme sola contigo y una moto.Vi toda su animación morir mientras ella ahora me miraba con una mueca triste en el rostro.— Tal vez otro día, cuñadita —me respondió, desanimada.¡Cuñadita era una mierda! Yo no era ni quería ser la puta novia, mujer o amante de ese desgraciado al que ella llamaba hermano.— ¡No soy mujer de tu hermano! —corregí, fulminando con los ojos pura rabia—. ¿Será que es tan difícil entender eso?Ella se encogió de hombros, indiferente a mis palabras, sonriendo.— Si tú lo dices, cuñada.Bufé de rabia.De nada serviría discutir con ella.La chica parecía tener un problema auditivo, siempre insistiendo en llamarme cuñada, aunque me quejara de esa mierda mil veces.Ignorando a la chica a mi lado, me apoyé en las muletas, lista para dar el primer paso. Hasta que escuché su voz a mi lado, fe
Leer más