Me acurruqué en el sofá mientras sentía un profundo nerviosismo apoderarse de mí.
Ya habían pasado varios minutos desde que vi a Dominic subir las escaleras de la mansión al segundo piso, yendo a buscar la maldita acta de matrimonio que él afirmaba que existía.
Pasé mis manos por el short, limpiando el sudor de ellas. ¡Mierda! ¿Por qué me estaba preocupando tanto por esto? Después de todo, no es como si hubiera firmado de verdad la puta mierda de un acta de matrimonio, mucho menos mi padre.
Cer