Narrado por Luisa
Dos meses.
Dos meses desde que fui arrancada de mi vida y arrojada a una pesadilla de mármol. Dos meses atrapada entre muros que besan el cielo, cámaras que me siguen como ojos de vidrio, y matones que respiran en mi nuca incluso cuando duermo.
No hay teléfono. No hay celular. No hay ventana abierta. Los empleados aprendieron rápido: hablar con la prisionera cuesta el empleo. Y los portones solo se abren para él.
Dominic.
Mi carcelero. Mi verdugo. Mi dueño — según él.
Un hombr