— ¿Cómo? —pregunté con las cejas arqueadas, irónicamente—. Solo voy a poder quitarme esto del pie dentro de dos semanas. Y también dudo mucho que tu hermano tenga el valor de dejarme sola contigo y una moto.
Vi toda su animación morir mientras ella ahora me miraba con una mueca triste en el rostro.
— Tal vez otro día, cuñadita —me respondió, desanimada.
¡Cuñadita era una mierda! Yo no era ni quería ser la puta novia, mujer o amante de ese desgraciado al que ella llamaba hermano.
— ¡No soy mujer