Entré y de inmediato, el aroma a comida y a flores secas que nunca se iban, inundó mis fosas nasales y me hizo sentir en casa, pero esta vez había algo diferente.El ambiente estaba cargado de una tensión que no debería haber.Y fue cuando llegué a la sala que vi la razón de aquella tensión.Sabía que esta visita no podría estar exenta de dramas.Amira estaba allí, sentada en el suelo junto al sofá, con la ropa toda desaliñada y el rostro lleno de lágrimas. Su cabello, antes perfectamente ondulado, ahora era una melena enmarañada y sus ojos, rojos e hinchados, se alzaron hacia mí cuando entré.Te ves horrible, hermana.¿Qué te pasó?—Tú —susurró, su voz ronca y actuando como si hubiera metido a su peor enemigo en su habitación.Bueno, yo era su peor enemiga y ella, ahora mismo, estaba aprendiendo la lección.—Amira... —Me crucé de brazos, sintiendo una calma que no esperaba—. Veo que las cosas no te están saliendo muy bien que digamos.¿Qué?No dije que no fuera a disfrutar este momen
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