Holden me levantó en sus brazos como si yo no pesara nada más que una pluma, y reí, besando sus labios y tirando de su cabello mientras subía las escaleras.
—Eres un pervertido, ¿lo sabías? —le dije entre risas y besos.
—Y tú una manipuladora —respondió, mordiéndome el labio inferior—. ¿De verdad creíste que podrías enviarme fotos calientes y salirte con la tuya?
La verdad es que sí.
—No sabía que ibas a aparecer de repente, Somerset.
Lo miré con ojos inocentes y él se rió.
—¿Y eso te da derech