La mañana en la oficina había sido tranquila.
Demasiado tranquila, de hecho.
Y sabía que era porque Holden era el nuevo dueño de la pequeña compañía en la que trabajaba, por lo que ahora, en mi nuevo puesto, hacía menos que antes.
Cosa que comprobé cuando fui a recursos humanos a pedir mis vacaciones por la luna de miel y la gerente casi se deshizo en sonrisas.
Aff, jodido Holden.
Arruinaste mi trabajo.
—Señorita Godoy, no se preocupe —me dijo, con una amabilidad excesiva que casi me hizo rodar