Cuando sus padres finalmente se fueron y la puerta se cerró tras ellos, la cosa no fue para mejor.
Holden se quedó en medio del salón, con los brazos cruzados y los dientes apretados.
—¿Qué demonios fue eso, Adara? —me preguntó, con ese mismo tono frío.
—¿Qué fue qué? —respondí, confundida.
—Toda esa tontería sobre los bebés. Ponerte a hablar con mi mamá como si ya estuviéramos planeando tener hijos. ¡¿En qué estabas pensando, Adara?!
¿Pero qué...?
—Holden, solo estaba siendo amable. No iba a r