Respira, Adara. No puedes perder el control aquí.Tienes que aguantar un poco más.Estábamos en la estación de policía esperando a que me llamaran para tomar mi declaración, cuando Amira irrumpió como una fiera después de visitar a su prometido tras las rejas.Verla en ese estado me daba mucho miedo, la verdad.Mierda.—¡Adara, eres una maldita mentirosa! —me gritó, intentando abalanzarse sobre mí—. ¡August no te hizo nada! ¡Estoy segura de que te le insinuaste! ¡Eres una maldita zorra!Sin embargo, no pudo llegar a mí, ya que Holden se interpuso, bloqueándole el paso con su cuerpo.Oh, vaya.¿Será que algún día podré vivir un momento de paz?—Amira, cálmate —le pidió, tratando de mantener la compostura.—¡No me digas que me calme, Holden! —chilló ella, forcejeando para poder llegar a mí—. ¡August está encerrado por culpa de esa mentirosa! ¡Por sus malditas mentiras!—No estoy mintiendo, Amira —intervine, con la voz todavía temblándome—. Él me engañó para que fuera a su casa... Me dij
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