(Narrado por Iker Moretti)El silencio del despacho era absoluto, interrumpido únicamente por el compás rítmico de la respiración de Gabriella. Estaba sumida en un sueño profundo, acurrucada en la curva del sofá de cuero, envuelta únicamente en mi camisa de seda blanca que le llegaba a medio muslo, dejando al descubierto la curva pálida y perfecta de sus piernas. El aroma de su piel, mezclado con mi propio rastro, saturaba el ambiente, creando una atmósfera de posesión que me resultaba adictiva.Con una mano, acaricié lentamente su cabello castaño, apartando un mechón rebelde de su frente con una delicadeza que no acostumbraba a mostrar al resto del mundo. Con la otra, sostenía la cajita de cuero azul marino de Damiani sobre mi regazo. La abrí apenas un milímetro, dejando que el brillo frío del diamante cortara la penumbra del despacho. Ella aún no sabía que ese anillo era su sentencia de propiedad definitiva, el sello que borraría cualquier rastro de su libertad individual bajo el pe
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