León“Gracias”, oí, e inmediatamente miré a Isabella. No debía estar soñando, ¿verdad? ¿De verdad la oí agradecerme hace un momento?Me obligué a calmarme, aunque mi corazón latía con fuerza. La miré de nuevo; tenía la cabeza apoyada en la ventana, en una posición que sabía que no podía ser cómoda para ella.“¿Qué dijiste?”, pregunté, queriendo oírla repetirlo, queriendo asegurarme de que no me estaba engañando.“Isabella”, la llamé, y mi propia voz me sorprendió. Era suave… y temblorosa.“Bella”, susurré, pero no respondió. En cambio, lo siguiente que oí fue su respiración —lenta, ligeramente irregular— y entonces lo comprendí.Se había quedado dormida.Con razón era tan débil. Si no le hubiera prestado toda mi atención mientras fingía concentrarme en la carretera, no me habría dado cuenta. Me habría perdido su agradecimiento.¿Pero por qué?¿Por qué me da las gracias Isabella?¿Por haber entrado en su vida? ¿Por cuidarla?¿O… solo por esta noche?Me di cuenta de que lo estaba pasand
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