AMELIANo pude pegar el ojo en toda la noche. Las palabras de Aarón seguían dando vueltas en mi mente, abriendo grietas profundas en el muro que me había construido durante siete años. Saber que Martha estaba viva, oculta y bajo su protección, me hacía sentir un hueco en el estómago. A las nueve de la mañana, Aarón ya me esperaba en la sala del ático, sosteniendo las llaves del deportivo. Subimos al auto en un silencio denso. Mis manos no dejaban de temblar sobre mi regazo y de forma instintiva, mantuve una de mis palmas apoyada sobre mi vientre, buscando proteger al porotito del pánico que me recorría la sangre.Aarón manejó con destreza, cruzando las calles de Londres hasta detenerse frente a una propiedad discreta y resguardada por su equipo de seguridad privada. Al bajar sentí las piernas flojas, como si el piso estuviera a punto de ceder bajo mis pies. Él se colocó a mi lado, tomándome con firmeza del brazo para darme el soporte que me faltaba. Caminamos hacia la entrada, Aarón e
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