AMELIAEl humo, el olor a alcohol y la música estridente me golpearon de frente en cuanto crucé el umbral del bar. Recorrí el lugar con la mirada, ignorando a los turistas que se tambaleaban a mi alrededor, hasta que mis ojos dieron directo con la barra principal. Allí estaba él, Aaron Kane, se encontraba de espaldas a mí, pero no estaba solo. Una mujer atractiva, rubia y con un vestido ajustado, lo tenía sujeto por el cuello mientras ambos se fundían en un beso que me congelo la sangre.Una furia ciega, ardiente y posesiva me nubló la vista por completa. Los nudillos se me pusieron blancos de lo fuerte que apreté los puños dentro de los bolsillos. Di un paso al frente dispuesta a destrozar el lugar, pero me detuve en seco cuando estuve a solo un palmo de distancia.Aaron, con un movimiento torpe pero brusco, empujó a la mujer por los hombros, apartándola de él.
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