--- Ya en la oficina de Lara, la atmósfera era pesada, cargada de una tensión que sentía desde el momento en que entré. Lara estaba más malhumorada que de costumbre, sus ojos oscuros fijos en algún punto distante mientras hojeaba papeles con movimientos bruscos. — Necesito que organices estas carpetas para mí — ordenó, sin mirarme, empujando una pila de documentos en mi dirección. — Sí, señora — respondí, con la voz neutra, cogiendo las carpetas y colocándolas en mi mesa para organizarlas alfabéticamente, como siempre pedía. Empecé a trabajar, concentrándome en las letras y los nombres, intentando ignorar la presencia opresora de Lara. Ella, por su parte, atendía llamadas y firmaba documentos, pero sentía sus ojos en mí a cada instante, como una mosca molesta. — Sí, Dominic, lo veré en cuanto adelante algunos asuntos pendientes de otros proyectos — la oí decir al teléfono, su voz más suave, casi empalagosa. — En cuanto a la prueba de paternidad, veré qué puedo hacer para que se ha
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