Dominic Scott
Tres meses. Noventa días. Los contaba por las botellas de whisky vacías en la mesa, por las ojeras oscuras en el espejo, por las veces que el teléfono sonaba y no era ella. Sofía había desaparecido hacía tres meses. Yo había desaparecido con ella. No del mapa. De la vida. Stella ya no me miraba a la cara. Alana preguntaba por su hermana todos los días. Mônica servía comida que yo no comía. Meg venía, intentaba hablar, yo no respondía.
¿De qué sirve responder si mi hija no está aqu