Dominic Scott
La casa estaba al final de un camino de tierra. Una hora y cuarenta y cinco minutos de viaje, no dos. El camino era peor de lo que el GPS imaginaba. Baches, barro, ramas caídas. El coche rozó el suelo varias veces. Lewis soltó un par de tacos. Marcelo pidió bajar e ir a pie. Yo no paré. No podía. Sofía estaba allí. Lo sentía.
La casa era pequeña, pintura descascarada, ventanas tapadas con cartón. Un coche viejo aparcado delante, el mismo de la foto, matrícula que empezaba con BRA.