Capítulo 89Stella BlakeSeis meses después del rescate, la vida se había reorganizado como una casa después de una tormenta. Las marcas en mis muñecas se habían convertido en cicatrices claras, casi invisibles. Las pesadillas disminuyeron de todas las noches a dos o tres veces por semana. El miedo a salir a la calle todavía existía, pero aprendí a empujarlo a un rincón de mi mente, cerrar la puerta y seguir adelante.La barriga era enorme. Nueve meses. Benjamín o Sofía — todavía no sabíamos el sexo, decidimos dejarlo para el momento del nacimiento — no paraba de moverse. Patadas, codazos, vueltas completas. Alana hablaba con él o ella todos los días, pegaba la boca a mi barriga y le contaba del colegio, de Celeste, del paseo al parque.— Sal ya, bebé. Mami está cansada.— Sal ya, bebé — repetía Celeste, con la vocecita aguda que Alana inventaba para ella.Dominic se había convertido en un guardián. No me dejaba cargar peso, subir escaleras, conducir. Contrató a una doula, una obstetr
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