Nadine estaba sentada en el frío pavimento, abrazando a Liam mientras veían arder su casa. Las lágrimas corrían por su rostro, aunque apenas se daba cuenta. Las llamas crepitaban, el humo se elevaba hacia el cielo oscuro. Los bomberos trabajaban para apagar el fuego, pero ya era demasiado tarde: la casa había desaparecido. Todo lo que había construido, cada recuerdo que había creado con Liam, ahora era ceniza.Liam se aferraba a ella, su pequeño cuerpo temblaba. "Mamá... mis juguetes... mis dibujos...", su voz se quebró, y el corazón de Nadine se hizo pedazos.Le besó la cabeza, intentando mantenerse fuerte. "Está bien, cariño. Mamá está aquí". Pero en el fondo, no sabía qué hacer.En ese instante, el chirrido de un coche al frenar la hizo levantar la vista. Una camioneta negra se detuvo, y antes de que pudiera reaccionar, Adrian corrió hacia ellos. Su rostro reflejaba preocupación, sus ojos los escudriñaban en busca de heridas.—¡Nadine! ¡Liam! —Se agachó frente a ellos, respirando c
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