139. La voz del pasado.
El sonido del viejo grabador llenó la habitación con un leve crujido que parecía venir de otra época. Durante un instante nadie respiró. La lluvia seguía golpeando los ventanales de la oficina de Marcelo, pero quedó reducida a un murmullo lejano, incapaz de competir con aquella voz que llevaba quince años silenciada y que, de alguna manera imposible, acababa de regresar para instalarse frente a mí.Sentí que las piernas perdían fuerza. Adrián reaccionó antes de que pudiera darme cuenta y deslizó una mano alrededor de mi cintura, sosteniéndome con una naturalidad que ya formaba parte de nosotros. No hizo preguntas. Tampoco intentó interrumpir la grabación. Permaneció a mi lado mientras yo fijaba la mirada en el viejo casete, como si dentro de aquella pequeña caja de plástico todavía estuviera encerrada una parte de mi infancia.La voz volvió a escucharse, más clara esta vez, acompañada por el sonido distante de un reloj y el chirrido de una silla.—Silvia, si algún día llegás a escucha
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