Perspectiva de MirandaLa mañana siguiente al aniversario, el sol entraba en nuestro ático con una claridad que parecía limpiar los últimos vestigios de nuestro pasado corporativo. Noah estaba en la cocina, el aroma de café recién hecho llenaba el ambiente, un ritual sencillo que, en el pasado, habría sido impensable durante nuestras frenéticas jornadas en la Torre.Dejé mi portátil a un lado. Ya no necesitaba revisar métricas de la empresa antes de desayunar; ahora, mi enfoque estaba en el proyecto que Noah y yo habíamos decidido lanzar bajo nuestra propia firma. Sinclair & De la Vega. Un estudio de diseño, arte y estrategia boutique. Nuestro propio imperio.Noah se acercó con dos tazas, dejando una frente a mí antes de rodear mi silla. Sus manos, siempre hábiles y precisas, comenzaron a masajear mis hombros, deshaciendo la tensión que, por pura memoria muscular, solía acumular allí.—¿Lista para la reunión con los nuevos clientes? —preguntó, besando la curva de mi cuello—. O prefier
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