La cafetería estaba desierta a esa hora, y Adrián agradeció el silencio con la misma gratitud con que se agradece un armisticio que nadie ha firmado oficialmente.Tenía el café frío frente a él. Lo había tenido frío desde hacía veinte minutos, pero moverlo habría implicado tomar una decisión, y esta noche ya había tomado suficientes.El documento estaba sobre la mesa.No era gran cosa, en apariencia. Cuatro páginas. Membrete sin nombre. Fecha borrada con tanta precisión que resultaba evidente que alguien se había esforzado en borrarla, lo cual era, en sí mismo, una información. Adrián lo había encontrado dentro del zócalo, detrás del mecanismo, en el hueco que Elena había abierto con esa fluidez de quien conoce los atajos de una ciudad desde niña. No en la mano de Elena. No en el suelo. Dentro de un sobre que llevaba su nombre escrito con una letra que no reconocía.Su nombre completo. Con la segunda e de Adrián escrita con una inclinación ligeramente distinta, como si quien lo había
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