El jardín de la residencia era un remanso de paz en medio del caos que se había desatado en Moscú. El sol del dia se filtraba entre las ramas de los árboles, y el aroma de las flores recién regadas llenaba el aire. Samantha estaba sentada en uno de los bancos de piedra, con los ojos cerrados, sintiendo la brisa fría acariciar su rostro.Después de todo lo que había pasado, estar allí, lejos de la mansión Adler, le parecía un lujo que no había podido disfrutar en meses. Lejos de las miradas juzgadoras de Elizaveta, lejos de la tensión constante de la familia, lejos de Rafael y su obsesión enfermiza. Allí, en ese pequeño jardín, podía respirar.Lenna, por su parte, estaba en la sala principal, recostada en uno de los sillones de terciopelo con un libro abierto entre las manos. La luz del sol entraba por los ventanales, iluminando su cabello oscuro mientras sus ojos recorrían las páginas con una calma que pocas personas en su familia podían permitirse.La casa estaba en silencio. Un sile
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