La habitación del hospital era blanca y fría, con ese olor a desinfectante que siempre acompañaba a los lugares donde la vida pendía de un hilo. Leonid seguía inconsciente en la cama, su pecho subiendo y bajando con la regularidad de los monitores que lo mantenían con vida. Dominik estaba sentado a su lado, con el teléfono en la mano, los dedos moviéndose sobre la pantalla mientras leía el informe completo que Marcus le había enviado hacía unos minutos.
No era un informe cualquiera.
Era el mapa