Mientras tanto, en el hospital, el ambiente era de puro caos controlado. El doctor y dos enfermeras trabajaban con prisa alrededor de la cama de Elena. Ella había sufrido un paro cardíaco segundos antes y ahora yacía pálida, con el pecho subiendo y bajando apenas gracias a las máquinas. Sara permanecía de pie a un lado, con los ojos muy abiertos, y las manos temblando.—¡Por favor, doctor, salve a mi hermana! —suplicó con la voz rota—. No la deje morir… le ruego.Dairus, que estaba al otro lado de la cama, la miró confundido, frunciendo el ceño.—¿Por qué estás tan preocupada ahora? —preguntó en voz baja, pero con dureza—. Se supone que eran enemigas. Hace apenas días la traicionaste. ¿Qué cambió de repente?Sara apenas sonrió, pero fue una sonrisa amarga y cansada. No apartó la mirada de Elena.—No lo entenderías… —respondió en un susurro—. Cuando hay sangre de por medio, todo se convierte en fraterno. No importa cuánto odio haya habido. Ella es mi hermana. Y estoy arrepentida. Más
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