Narrado por Luna La conciencia volvió como un golpe bajo. Un dolor punzante en la nuca, una niebla espesa en los sentidos y, entonces, el olor. Un olor húmedo, metálico y dulce de una forma que hizo mi estómago revolver. Óxido. Y sangre. Mucha sangre antigua. Abrí los ojos. La luz era débil, proveniente de una única lámpara colgada con un cable pelado. Estaba acostada sobre un suelo de hormigón frío y sucio, en un espacio vasto y vacío, con sombras de ganchos de metal colgando del techo alto. Un almacén abandonado. Un matadero. La semejanza con los sótanos que Alex usaba para… lidiar con problemas, era perturbadora. La ironía no se me escapó. El miedo surgió primero, un frío paralizante que subió del estómago a la garganta. Estaba atada, con las manos hacia atrás, una mordaza áspera en la boca. Sola. A merced de ellos. Pero entonces, como un puñetazo al propio miedo, llegó la rabia. La imagen de los ojos muertos de Greco, su traición sonriente, quemó mi retina. Maldito. Alex ya sa
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