Hay silencios que dicen más que cualquier confesión. Esmeralda comenzó a notarlo no en lo que Ricardo decía, sino en la precisión con la que elegía lo que no decía. No era evasión, no era duda, no era falta de conocimiento. Era control. Un tipo de control que no se aprende de forma superficial. Era el resultado de alguien que sabe exactamente qué mostrar, qué ocultar y, sobre todo, cuándo hacerlo. Trabajar con él no era complicado. Eso sería fácil de manejar. Lo difícil era que resultaba… natural. Demasiado natural. Sus ideas encajaban, sus procesos fluían, sus observaciones llegaban en el momento exacto en que ella las necesitaba o estaba a punto de formularlas. No había fricción. No había choque. Y eso, para alguien como Esmeralda, no era cómodo. Porque el conflicto es lo que revela. Y la ausencia de conflicto… oculta. —Te detuviste —dijo ella sin apartar la vista de la pantalla, aunque ya sabía que él estaba observándola. Ricardo no respondió de inmediato. Dio un paso más cer
Leer más