Estaba a punto de anochecer y Aria permanecía en silencio, contemplando a Juan, quien jugaba alegremente sobre la cama. Lo acompañaban varios juguetes que Aria había traído consigo para mantenerlo tranquilo.Cada vez que Juan la miraba, Aria le dedicaba una sonrisa, pero de inmediato su rostro volvía a ensombrecerse.Desde que Shila se había ido, Aria no se había atrevido a salir de la habitación. Específicamente, no sabía cómo dar de cara sola ante la familia de Hans, danzando todo por el hecho de que él no les había advertido sobre su situación como madre. La incomodidad en el ambiente era asfixiante. Pensar que ayer Aria se sentía tan dichosa por la cercanía con ellos.Ahora lo único que le restaba era rezar para que Hans volviera pronto; sin embargo, incluso cuando Juan comenzó a ponerse inquieto reclamando su leche, él no aparecía.—Mi amor, por favor, un poquito de silencio —le suplicó Aria a Juan mientras lo tomaba en brazos. De verdad no quería asomarse por nada del mundo, per
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