Shila jamás le había puesto trabas a Hans para encontrar una compañera de vida. Lo más primordial para ella era que la mujer procediera de una buena familia, independientemente de su estatus social.Cuando Hans se la presentó, Aria le había caído bien de inmediato. No solo era una joven atenta, educada y hermosa, sino que Shila también pudo percibir que, muy probablemente, gozaba de una posición social equiparable a la de su propia familia. Sin embargo, Shila nunca llegó a imaginarse que su nuera ideal resultaría ser una mujer divorciada. Si bien esa condición no representaba ninguna deshonra ni un pecado, a Shila le causaba un enorme ruido, obligándola a pensárselo dos veces antes de permitir que Hans se casara con ella.—Dios mío, ¿estaré haciendo lo correcto? —murmuró Shila, entrelazando las manos mientras imploraba por guía divina. En ese momento, una débil voz la llamó a sus espaldas.—Mamá...Shila se giró de imprevisto. Era Viona. La mujer de inmediato palmeó el espacio vacío a
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