Alessia Vittoria BelleroseDante se va, no discute, no grita, no intenta retenerme. no vuelve a mirarme. Simplemente se marcha.La puerta de su auto se cierra con tanta fuerza que el sonido me golpea directo en el pecho. Me quedo parada en la entrada de la mansión Bellerose, con Gael a mi lado, Amara detrás y el corazón latiéndome como si acabara de cometer el peor error de mi vida.—Dante —lo llamo.No se detiene. Sus hombres suben a los vehículos. Rocco lo mira un segundo antes de entrar al auto, pero tampoco dice nada. Dante arranca. El auto negro se pierde por el camino principal, llevándose con él todo el aire de la noche.Y yo me quedo ahí, con Gael, con Amara, con mi casa, con mi orgullo inútil en la garganta. Creí que podía imponerme a Dante. Creí que si le daba una orden, él se quedaría. Creí que bastaba con sostenerle la mirada para demostrarle que yo no era una mujer que él pudiera reclamar.Pero Dante no es Enzo. No es un hombre que se arrastra por dinero, no es alguien qu
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