Narrado por HellenAquella noche, mientras todos dormían, solo Anya y yo compartíamos el silencio del cuarto. Sobre la cama, las maletas ya comenzaban a abrirse y, con cada prenda doblada, sentía que también doblaba los pedazos de mi vida, intentando acomodarlos en un espacio reducido, ordenado, listo para ser enviado sin mirar atrás.Anya, como siempre, no podía dejar de bromear, ni siquiera en medio del caos. Volvió de la calle con una bolsa escondida detrás de la espalda y, al revelar su contenido, abrió una sonrisa amplia.—No pude resistirme, amiga —dijo, levantando un pequeño vestidito blanco con delicadas flores bordadas a mano—. Mi ahijada va a ser la niña más hermosa del mundo. Tendrá los ojos verdes y bonitos de la madre.No pude evitar reír.—O azules intensos, como los del padre.Ella hizo una pausa y, por un instante, pensé que había dicho demasiado. Pero, fiel a su estilo, Anya solo puso los ojos en blanco, cruzó los brazos y soltó una carcajada burlona.—¡Mejor que sea
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