Narrado por SergioDesperté con el pecho pesado, como si una sombra se hubiera sentado sobre mí. Hacía días que sentía ese presentimiento, pero hoy era más fuerte. Sabía que no sería un buen día.En la empresa, todo parecía conspirar en mi contra. Problemas en contratos, notas mal firmadas, pequeños retrasos. Sylvia —claro— tenía su mano en todo. Siempre encontraba la forma de poner arena en los engranajes, como si su placer fuera verme perder tiempo, perder la cabeza. Y, de hecho, perdí horas. Pasé el día entero sumergido en aquella ciénaga burocrática, intentando limpiar la suciedad que ella había esparcido.Fue al caer la noche que Edward, mi detective, me llamó.— Señor Vance, tengo novedades sobre la señorita Bennett.Me enderecé en la silla, sintiendo la sangre pulsar en las sienes. — Hable ya.Del otro lado, su voz calma, siempre quirúrgica:— Ella formalizó su renuncia en el hospital. Se fue definitivamente.Por un instante, guardé silencio. El sonido del reloj en mi oficina s
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