Narrado por Hellen
Aquella noche, mientras todos dormían, solo Anya y yo compartíamos el silencio del cuarto. Sobre la cama, las maletas ya comenzaban a abrirse y, con cada prenda doblada, sentía que también doblaba los pedazos de mi vida, intentando acomodarlos en un espacio reducido, ordenado, listo para ser enviado sin mirar atrás.
Anya, como siempre, no podía dejar de bromear, ni siquiera en medio del caos. Volvió de la calle con una bolsa escondida detrás de la espalda y, al revelar su con