Alessandro se quedó atónito por un momento, pero pronto su corazón se vio inundado por una alegría inesperada. La última vez que había intentado acercarse a la Mansión Rose, Luana lo había detenido en la puerta, alegando que su presencia era inconveniente. Esta era la primera vez que veía, de cerca y sin obstáculos, a los tres pequeños que eran versiones en miniatura de sí mismo. El choque y la emoción eran tan intensos que apenas lograba encontrar las palabras.Se levantó de la silla bruscamente y caminó hacia ellos con pasos largos.—Ustedes... —comenzó Alessandro, con la voz entrecortada. En un intento desesperado por parecer amigable, forzó una sonrisa.Dicen que no se debe atacar a un rostro sonriente, y aunque sonreír no era algo natural para el CEO de un imperio empresarial, se esforzó al máximo por parecer acogedor. Jamás se imaginó que viviría un momento así.Sin embargo, la reacción no fue la esperada. Lucca, Matteo y Mia intercambiaron miradas rápidas y, en lugar de alegría,
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