Luana y Lara caminaron en silencio hasta la sala de conferencias, eligiendo lugares discretos. Instantes después, la puerta se abrió y Paola entró con pasos pesados y el rostro desencajado, una expresión gélida que sugería que el mundo entero le debía algo. Para el equipo, aquel semblante ya formaba parte de la decoración.Paola se detuvo a la cabecera de la mesa y, antes de cualquier pauta técnica, dio inicio a su habitual espectáculo de autoridad:—Espero que, de ahora en adelante, todos tengan más enfoque. Esto es un despacho de alto nivel, no un mercado para chismes matutinos. Es de mal gusto y antiprofesional.Su mirada cortante se desvió hacia Luana:—Además, la empresa posee normas. No toleraré pedidos de licencia constantes ni ausencias injustificadas. Valoramos a quien está presente.Luana sintió el peso de las palabras, pero mantuvo la compostura. Sabía que ella era el blanco y, aunque tenía motivos de fuerza mayor, reconocía que su ausencia reciente daba pie a las críticas.
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