Luana percibió enseguida la frialdad de los empleados; era evidente que la estaban tratando así a propósito para poner a prueba su paciencia. Con total calma, tomó una revista que había a su lado y comenzó a hojearla. Si lo que querían era irritarla, demostrar impaciencia sería darles exactamente lo que buscaban.Mientras tanto, en la planta superior, Camila y Guto observaban cada movimiento a través de las cámaras de seguridad del despacho.Al principio, Camila lucía una sonrisa llena de arrogancia. Esperaba que Luana acabara marchándose furiosa, lo que le daría la excusa perfecta para acusarla públicamente de grosera y poco profesional. Sin embargo, para su sorpresa, Luana no se movió ni un centímetro. Al contrario, parecía completamente relajada, hojeando la revista como si estuviera en su propia casa.Cuanto más la observaba, más irritada se sentía Camila. Sus manos se cerraron en puños, las venas se le marcaron en la piel y rechinó los dientes con rabia. Su rostro se ensombreció
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