Guto no fue rival para el ataque de encanto de Camila. Las piernas le temblaron y estuvo a punto de desplomarse allí mismo. Fue la delicada mano de Camila la que lo sostuvo a tiempo, evitando que hiciera el ridículo.
—Señor Guto, ¿se encuentra bien? ¿Le pasa algo? ¿Quiere que le ayude a sentarse un momento? —preguntó ella con dulzura, esforzándose al máximo.
Por dentro, pensaba que, si no había logrado conquistar al impredecible Alessandro, sin duda podría manipular a un hombre que apenas era c