Camila sujetaba el móvil con las manos temblorosas, mientras en sus ojos sombríos brillaba una luz rojiza cargada de puro odio. Apretó los dientes y masculló aquel nombre con rabia:
—¡Luana!
Su expresión era feroz, casi demoníaca. Su carrera había quedado destrozada por culpa de Luana y ahora incluso había perdido toda su red de apoyo. Dominic le había explicado que, desde aquel incidente, desconocidos estaban invadiendo su territorio y que dos grupos distintos lo perseguían sin descanso. Sin o