En cuanto Alessandro bajó las escaleras, vio a Luana rodeada por los guardias de seguridad de la empresa. Ella estaba en medio de la multitud, pareciendo tan pequeña e indefensa.
Sus ojos estaban enrojecidos mientras avanzaba rugiendo:
—¡Apártense! ¡Quien se atreva a tocar un solo cabello de ella está muerto!
Todos parecían perplejos.
Simplemente no se atrevían a moverse, y por eso el enfrentamiento había durado tanto tiempo. Aquella mujer era aterradora. Parecía pequeña, pero su fuerza explosi