Vivian llegó a la mansión de Mateus, se dejó caer en el sofá y permaneció aturdida durante un buen rato. De repente, sintió un peso sobre el hombro. Al girarse, vio que Lucca había apoyado la mano sobre él.—Tía Vivian, déjame masajearte los hombros. Mamá dice que si te relajas, no estarás nerviosa.—Yo te masajearé las piernas —añadió Mia, caminando con sus pasitos cortos hasta los pies de Vivian y agachándose para empezar.Aunque las dos pequeñas no tenían mucha fuerza, los pellizcos la hacían reír y doler al mismo tiempo.—¡Ya, ya estoy mejor! —dijo Vivian rápidamente, temiendo que, si seguía un poco más, acabaría riéndose a carcajadas de vergüenza.Matteo, por su parte, estaba molesto. Se había quedado mirando desde un lado sin haber podido ayudar.—¡No! Espera un momento. Voy a buscarte unas pantuflas. Te sentirás más cómoda y relajada si te las pones.Y salió corriendo feliz.Vivian miró a Luana con una sonrisa traviesa:—Luana, ¿cómo criaste a estos niños? ¡Son tan bien educado
Ler mais