Luana no dudó, ni continuó escondiéndose en las sombras esperando la llegada de Mateus. Estaba demasiado preocupada por lo que pudiera pasarles a los niños.
Llegó a la casa abandonada y derribó la puerta de una patada. La puerta, ya en ruinas, cayó con estruendo al suelo, levantando una nube de polvo. Con un aura imponente, Luana avanzó a contraluz entre el polvo, su presencia solitaria contrastando con las decenas de personas frente a ella.
Las personas en la sala se tensaron en cuanto apareci