ValentinaLa bandeja está sobre el velador cerca de la ventana. Té frío, fruta demasiado perfecta, galleta seca. No la he tocado. El alimento tiene el sabor de la captura. El hombre de librea negra entró, depositó el objeto sin una palabra, una mirada, un suspiro, y se fue. Un autómata. El silencio tras su partida fue más pesado que su presencia.Es la estrategia, por supuesto. El aislamiento sensorial. El lujo como prueba de mi impotencia. Los veo, esos mecanismos, tan claramente como veo los barrotes de volutas engañosas. Quiere que me disuelva en esta ausencia, que pierda mis contornos.No los perderé.La brasa bajo la ceniza, la que he alimentado toda la noche, ha tomado una forma concreta con la luz del día. Un plan. Uno solo, por ahora. Simple, directo, casi desesperado. Pero es un comienzo. Es una acción.Mi madre.Su rostro me atormenta más que el de Diego. Sus ojos, en mi recuerdo, ya se llenan de ese pánico frío, aterrorizado, que conozco tan bien. Dos días. Debe de estar lo
Ler mais