—Afloja un poco más el corsé, Sera; la herida aún está reciente y no quiero que se me salten los puntos.—Ay, cariño, esto no es un corsé, solo estamos realzando tu cintura —respondió Sera, sonriendo mientras observaba mi reflejo en el espejo—. Además, hoy es tu día. Todos los lobos de la alta alcurnia del Norte están ahí abajo brindando por ti. Vale la pena sufrir un poco.El vestido de seda pesada, en un intenso verde esmeralda, fluía sobre mi cuerpo como si fuera agua. La marca fresca del vínculo en mi cuello resplandecía con una nobleza que rivalizaba con el enorme collar de esmeraldas, aquel regalo de la Gran Luna.—Si me pongo más esmeraldas —dije, contemplando mi imagen—, la gente va a pensar que soy parte de la decoración de la mansión.—Ellos saben bien en qué clase de guerrera te convertiste en esos túneles, Elara —intervino Nora, entrando con dos copas de champán. Me tendió una—. Los Alfas y las Lunas de abajo no solo hablan de tu belleza, sino de la leyenda de «la mujer qu
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