Los días siguientes en la isla se convirtieron en una rutina dulce y tranquila que ninguno de los dos había conocido antes.Cada mañana, Valentina despertaba primero y se quedaba unos minutos observándolo dormir. Le gustaba ver cómo su rostro se relajaba completamente cuando estaba con ella. Ya no había esa tensión constante en su mandíbula, ni esa mirada alerta que siempre parecía estar esperando un peligro.Alessandro despertaba poco después y siempre la buscaba con las manos, como si necesitara comprobar que ella seguía allí. La atraía hacia su cuerpo y la besaba lentamente, sin prisa, como si tuvieran todo el tiempo del mundo.—Buenos días, esposa —murmuraba contra su boca.—Buenos días, esposo —respondía ella, sonriendo.Desayunaban en el balcón o en la arena, según el humor del día. A veces Alessandro intentaba cocinar y terminaba quemando algo; Valentina se reía y lo ayudaba a rescatar lo que podía. Otras veces ella preparaba fruta cortada y café, y él la observaba con una mira
Ler mais