La criada notó que Bella se colaba en la habitación de Lucian y, curiosa, la siguió en silencio. En cuanto la puerta se cerró, se acercó sigilosamente y pegó la oreja a la madera.Dentro, Lucian estaba sentado en el sofá, con una toalla enrollada baja en la cintura y las piernas abiertas con total desenfado. Un cigarrillo descansaba entre sus dedos, y el humo se elevaba perezosamente en el aire. Al levantar la vista y ver a Bella, una lenta sonrisa arrogante curvó sus labios.Ella bajó la mirada al suelo, con el corazón latiéndole con fuerza, mientras luchaba por encontrar las palabras adecuadas.-Bienvenido de nuevo -dijo al fin, con la voz apenas un susurro.Él ignoró por completo su saludo. Su mirada recorrió el cuerpo de Bella con evidente lujuria.-Mi obediente putita -dijo con deliberada lentitud.Un leve pinchazo de vergüenza atravesó el pecho de Bella, pero no pudo negarlo. En ese momento, no se equivocaba. Estaba siendo obediente.-Estarás cansado... -murmuró suavemente, obli
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