Bella se giró y vio a una mujer mayor, con gafas apoyadas en la punta de la nariz y una mirada aguda y crítica.-Sí, soy yo -respondió Bella con cautela.La mujer la examinó de arriba abajo.-Ah, ya veo por qué estudias desarrollo infantil y economía doméstica... con esas caderas tuyas, supongo que alguien tiene que enseñarte a empujar bebés en un cochecito. Tu marido estaría orgulloso.Los ojos de Bella se entrecerraron, la ira creciendo en su interior.-¿Perdón? Usted es mujer... ¿cómo puede decir algo tan degradante?La mujer parpadeó, sorprendida.-Solo estoy siendo honesta. Considéralo una lección de realidad... y parece que también necesitas aprender modales -dijo con dureza.-No, eso no es honestidad, eso es sexismo. Y no tiene ningún derecho a hablarme así a mí ni a ninguna mujer. Usted también necesita aprender modales, señora -replicó Bella, negándose a intimidarse-. Y sin ofender, me pregunto... ¿quién será la desafortunada hija en su vida?La mandíbula de la mujer se tensó
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